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Decálogo de la oración

 

Afilando el hacha

La necesidad de la oración

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En cierta ocasión un hombre joven llegó a un campo de leñadores, ubicado en la montaña, con el objeto de obtener trabajo. Durante su primer día de labores trabajó arduamente y como resultado, taló muchos árboles. El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día. Durante el tercer día se propuso mejorar su producción. Golpeó con furia el hacha contra los árboles, pero sus resultados fueron nulos.

El capataz, al ver los resultados del joven leñador, le preguntó:

“¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?”.

El joven respondió:

“Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado demasiado ocupado cortando árboles”.

 

 

Decálogo de la Oración

Benigno Colinas, CSsR

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1. Orar es sencillo.Conversa con Dios con toda confianza, sin necesidad de escoger las palabras. Por muy bonitas consideraciones que busques para dirigirte a Él, infinitamente más bellas son las que Él tiene.

“Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has mostrado a los pequeños” (Lc 10, 21)

2. Orar es dejarse agarrar por la mano de Dios

Él te elevará hasta su rostro, como a un niño pequeño, para llenarte de besos.

“Fui para ellos como quien alza a un niño hasta sus mejillas y se inclina hasta él para darle de comer”  (Os 11,4).

 

 

3. Orar es escuchar y hablar con Dios

como con un amigo íntimo. Déjate encontrar por Él, te conducirá a ese espacio de tu alma donde oirás su voz y tú tendrás la confianza suficiente para responderle.

“Y las ovejas escuchan su voz y a sus ovejas las llama una por una”(Jn 10, 3).

4. Orar es vaciarse

de cosas, de preocupaciones, de ti mismo. Ofrécele tu pobreza, tu egoísmo, tu tiempo, tu rutina y, sobre todo, tus deseos. Él llenará el vacío que vaya quedando en tu corazón.

“Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está allí, en lo secreto”

(Mt 6, 6).

 

5. Orar es empobrecerse

Al principio abundan las palabras de amor, confianza y entrega, hasta que desaparecen en el silencio. El sentimiento de la presencia de Dios es quien llena  ese silencio.

“Y al orar,  no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van  ser escuchados”

(Mt 6, 7).

 6. Orar es permanecer en la presencia de Dios

sin desfallecer. Dios no busca personas que profundicen en consideraciones intelectuales, sino hombres y mujeres que no se cansen de orar. A los que oran mucho les concede el don de la oración pura. La “cantidad” depende de nosotros, la “calidad” del Padre de las luces.

“Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer”

(Lc 18, 1).

 

 

7. Orar es descubrir a Jesucristo dentro de ti

Si te acercas a Él con fe y humildad te admitirá entre sus seguidores, los pobres, que todo lo esparan de Dios y nada de sí mismos. Déjate que te mire y te ame, no te escondas a su mirada y consiente en dejarte abrazar por Él.

“La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!”

(Gal 4, 6).

 

8. Orar es amar

El termómetro que mide la autenticidad de tu oración es la caridad con el prójimo. La oración te ayudará a descubrir lo que hay dentro de su rostro, detrás de su cara: sus sufrimientos y alegrías, sus ansiedades y proyectos. La oración te llevará a descubrir al hermano y unirte a él.

“La religión pura e intachable ante Dios Padre  es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación”  (St 1, 27).

 

 

9. Orar es dejar hablar

al corazón

Estudiamos métodos de oración, muchos avalados por la santidad de quienes los practicaron, buscamos un buen libro de oración. El centro de la oración, la fuente de donde brota la más fresca y cristalina es nuestro corazón.

“Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí,. Como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de aguas viva”  (Jn 7, 37)

 

10. Orar es entrar

Dios está en el corazón, ahí vive y ahí actúa, ahí quiere comunicarse. El hombre está fuera de sí, en las cosas. Vive distraído y exiliado. En la oración los `protagonistas inician un movimiento de aproximación, hasta que se encuentran en un profundo silencio de amor.

“Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”

(Jn 14, 23).

 

* * *

Orar es…

(Resumido por Chuspe Rivera de Ignacio Hualde, SJ)

  • Orar no es “pensar” en Dios. Sólo eso no basta.
  • Orar es conversar con Dios como se conversa con una persona con la que se tiene mucha confianza (con esa persona a la que se acude a contar los asuntos íntimos, lo que yo sufro y lo que me alegra, y estoy seguro que no va a ir con el chisme a nadie).
  • Orar es tratar a Dios como amigo íntimo (“como un amigo habla con otro amigo”). Tratarle como algo muy natural, nada complicado, ni forzado, pero muy importante, indispensable en nuestra vida…
  • Orar es algo muy humano… Por eso no oran mejor los que más saben, sino los que más sienten: “Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se les has mostrado a los pequeños” (Lc 10,21).
  • Muchas veces, en nuestra preocupación por hacer oración, podemos preguntarnos si hay algún libro bueno para eso, algún método fácil para orar, y la verdad es que la raíz de la oración está en uno mismo: la mejor fuente, el mejor pozo, lo tenemos en nuestro corazón.
  • Orar es dejar a Dios que nos haga descubrir la necesidad que tenemos de él y sentir el amor que él nos tiene.
  • Orar es sentirse hijo de Dios. Sentirse en los brazos de un Padre tan bueno y misericordioso.
  • Orar es ir dejándose llenar de los sentimientos de Jesús: pensar como pensaba Jesús, sentir como sentía Jesús, querer lo que quería Jesús, amar como él amaba, hablar de lo que él hablaba, actuar como él actuaba. Claro que… esto es un ideal y aquí hay tarea para rato.
  • Orar es vivir. No es “soñar”, sino salir del “sueño” en que vivimos. Orar es despertar, es vivir la vida, la que vivimos… la que Dios quiere que vivamos. La oración que nos saca y nos hace huir de la vida, la que nos hace dormir y estar tranquilos, no es oración. Eso no es vivir, sino dormir y soñar.
  • La oración hay que vivirla, como la amistad. Es decir, hay que vivir el encuentro con Dios. Una cosa es soñar en un río y otra cosa es disfrutar del río metiéndose dentro de él… Una cosa es saber hacer dulces y otra cosa muy diferente es comerlos… La sed se quita bebiendo agua y no “pensando” en una fuente de agua fresca.

* * *

Alguien dijo una vez…

La oración es un camino. Orar es una gran aventura y un gran misterio que todo cristiano debería vivir con intensidad. Orar es acercarse a Dios para entablar un diálogo amoroso. Orar es amar, reír, llorar, soñar, pero también es comprometerme, responsabilizarse, confiar, esperar…

Orar no es pasar un rato tranquilo en que pienso en mis cosas, en mis problemas, en la gente que quiero. Tampoco es una receta contra la “depre”, ni una “pastilla” que me permita dormir tranquilo. Orar no es pedirle a Dios que me dé lo que me toca de la “herencia”, por ser su hijo; no es jugar con Dios a través del ” si me apruebas los exámenes, te pongo dos velas”; Orar no consiste en buscarme justificaciones a las cosas que hago bien o mal; orar no es culpabilizarme de todo lo que pasa a mi alrededor.

Orar es querer encontrarse con Dios, es vivir por los demás; orar es huir de los falsos sueños pero vivir por la utopía del Reino de Dios; orar es desear buscar dentro para sacar fuera y compartir con los demás; orar es inves–tigar en lo profundo de mi personalidad; orar es entregarse.

La oración es un don y una gracia que nos concede Dios y que hay que pedir insistentemente. Por ello es tan importante la disposición interna y externa. Debemos disponer toda nuestra persona para este encuentro con Dios a través de la oración. Para ello es necesario hacer como si todo dependiera de mi, pero al mismo tiempo sabiendo que todo viene de Dios.

Os animo a que poco a poco os vayáis sumergiendo en esta estupenda aventura que supone la oración. Y os aseguro que no os arrepentiréis de haberla comenzado.

No hay caminos para la oración, la oración es el camino.

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