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Afirmando el deseo de seguir al Redentor a través de la cimentación de la vivencia religiosa redentorista como preparación a la primera profesión en la comunidad.

Lugar: Pie de Cuesta, Bucaramanga, Colombia.

EL TRIÁLOGO.

 

El Noviciado es una etapa de triálogo profundo, entre el Redentor que llama a seguirle para que le hagamos presente entre los más abandonados; la persona que responde cargado de toda su historia, rica y pobre, santa y pecadora; y la Congregación del Santísimo Redentor como institución donde la vocación puede desarrollarse.

Es un triálogo muy dinámico donde, el Redentor, la comunidad formativa que representa a la Congregación,  y yo, conforme avanzan los meses nos vamos poniendo de acuerdo. El triálogo es las 24 horas, los 12 meses del año ¡Que bien que hasta ahora no ha terminado! pues, a 243 días de este proceso, puedo decir que ha sido muy fructífero. Le estoy respondiendo que sí, que sí quiero hacerlo presente en medio de los pobres, que sí a través de los redentoristas. En mis entrevistas con los formadores me dicen que vamos bien, que a la fecha de su parte no tienen inconveniente en aceptarme en la comunidad. Me siento agusto con lo que ha resultado hasta aquí. Y creo que ésto se convertirá en mayor alegría conforme avance el tiempo.

Si el mismo acuerdo perdura, al final del año realizaré mi primera profesión. Es el acto que culmina una primera parte del triálogo y donde comienza la siguiente: discernir si ésto será para toda la vida. Mi pensamiento es que sí, pero la Congregación es sabía en hacerme madurar para manifestar con firmeza mi compromiso definitivo. Cuando llegue ese momento me dedicaré plena y totalmente a la proclamación del Reino, y entonces cumpliré mi sueño, o mejor dicho: nuestro sueño: el del Redentor, el de la Congregación y el mío, el mismo sueño.

 

DESDE EL NOVICIADO.

 

Piedecuesta, Santander, Colombia a 22/09/2014.

Estimados Superior Provincial Gonzalo Rascón y Hermanos Misioneros Redentoristas:

Escuchar noticias hoy en día es tan normal, que no hace falta buscarlas. Entre esas noticias están las Buenas Noticias, las que inundan el corazón de felicidad y, por qué no, de un poco de melancolía. Así sucedió hoy: mientras orábamos por la tarde, la buena nueva de nuestro Hermano José de Jesús apareció de repente, sin esperarla. Un silencio abrazó la capilla y de pronto brotaron los recuerdos, sus grandes hazañas para con nosotros; esa noticia, esa que poco antes habíamos escuchado, nos gritaba con fuerza:

¡Nuestro Hermano Vive!

Y así es, nuestro Hermano está ahora gozando con la compañía de nuestra Familia Redentorista, esa que también a nosotros nos espera allá, junto a nuestro amado Señor Jesucristo. Él vive en nuestros corazones, en nuestros recuerdos, él vive porque no dudó ningún instante en proclamar la Buena Noticia de Jesucristo, porque quiso seguir el camino del Señor y no su camino, porque no se rindió cuando el Señor le puso pruebas, porque permaneció fiel, con una esperanza alegre, con un testimonio radiante, con una oración constante.

Su compañía entre nosotros es invaluable, su recuerdo un tesoro, su ejemplo un modelo, y su partida al Cielo una semilla que ha de germinar…

Un Hermano tan querido, que ha perseverado hasta el final, es una invitación para no olvidar en quién debemos aferrarnos para continuar firmes en nuestra vocación, nosotros que empezamos y ustedes que ya han avanzado, ellos son Jesús y María. Hablemos con ellos, recemos con ellos, no nos cansemos de estar en su presencia, enviémosles mails, cartas, llamémosles desde nuestros celulares, twitemos con ellos, dediquemos tiempo a la oración como nuestro hermano siempre nos invitó con su ejemplo. Sólo la oración nos permitirá estar fuertes para perseverar en nuestra vocación sin desfallecer, porque allí encontramos nuestra fuerza, allí el Señor nos sostiene de la mano cuando estamos prontos a caer, allí nuestra Madre nos socorre cuando nos vemos tentados a olvidarnos de los demás.

Confiando en la promesa de San Alfonso de que quien muere en la Congregación gozará plenamente de la presencia del Redentor, reciban un abrazo fraterno de la Comunidad del Noviciado de la Subconferencia Norte de América Latina y el Caribe, en este día de fiesta por nuestro Hermano José de Jesús Martínez Aguirre para quien se abren las puertas de la Gloria.

¡VIVAN JESÚS, MARÍA, JOSÉ Y ALFONSO!

Atentamente, en Cristo Redentor

José Martín Medina Japón, Maestro de Novicios; Manuel Pérez Simón, Vicemaestro de Novicios; Eleazar Pérez Bustos, Socio de Formación; Arturo Rivera Luquis, Provincia de San Juan; Javier García Rodríguez, Provincia de San Juan; Antonio de Jesús Sinohui Cinco, Provincia de México; Jesús Roberto Ávalos Hernández, Provincia de México; YeurisMael Solano Rosario, Provincia de San Juan; Jaime Hernández Solís, Provincia de México; Oscar Gerardo Gómez Vargas, Provincia de Bogotá; Carlos José García García, Provincia de Bogotá; Noel Ortiz Arenas, Provincia de Bogotá; Edward Julián Chacón Díaz, Provincia de Bogotá.

 

NOVICIADO.

 

Dice un artículo llamado "Noviciado, roca o arena", que durante este tiempo nos han dado una y otra vez para nuestra reflexión, que el noviciado no es un lugar de paso si no un lugar donde pasa algo. Y lo cierto es que para que pase algo, en aquel que se encuentra en esta etapa, la clave es el dialogo con Dios.

Esta etapa para mí, Roberto Ávalos Hernández, ha sido un tiempo para purificar y consolidar la imagen que tengo de Dios, un Dios que no es ajeno a nuestras vidas, si no un Dios que se hace presente en cada acontecimiento de nuestra existencia.

El noviciado me ha permitido redescubrir cada día el llamado que Jesús me hace a seguirle en la aventura de forjar cada día  un mundo más humano, un mundo donde la paz, la justicia, la fraternidad y el amor entren en la vida de cada ser humano, donde el mundo en el que todos los días se expande el virus de la desesperanza, del egoísmo y del odio, quede destruido. Esta etapa de mi vida me ha permitido descubrir aspectos y áreas de mi vida que puedo poner al servicio de los demás.

Debo de confesar que, meses antes de entrar en el noviciado, tenía muchos temores pues tenía una idea negativa del noviciado. Concebía el noviciado como un reclusorio para apartarnos de la realidad de nuestro mundo, y lo que he experimentado, en este tiempo, no ha sido lejanía con el mundo, sino más bien cercanía en la que me hago consciente de sus problemas y de sus bondades, descubro que, si como religioso quiero ser útil para el mundo, debo de descubrirme a mí mismo, debo dejarme encontrar por Dios, un doble movimiento que empuja a un dialogo con el mundo, un dialogo que quiere ser transmisor de la propuesta del Reino de Dios.

He consolidado mi opción de vida, descubriendo que mi plenitud no está en el matrimonio, no está en la vida de soltero; se encuentra en un estado de vida tan completo como cualquier otro, he sentido que mi llamado es a la vida religiosa laical (hermano), una forma de vida auténtica al servicio de Dios y del pueblo, que desde el ejemplo de grandes hombres de nuestra congregación, que han sido llamados a este estilo de vida, como san Gerardo, se convierte en un compromiso y un verdadero reto a vivir en la humildad, la sencillez, la obediencia y el verdadero amor a Dios y a los hermanos. San Gerardo tenía un ideal: hacerse santo  y no lo logró de otro modo sino en la entrega a sus hermanos los más pobres; y si yo quiero estar en la congregación es porque no temo y puedo comprometerme a seguir los pasos de san Gerardo, san Alfonso, san Clemente, san Juan Newman, el beato Pedro Donders y otras grandes figuras que muestran que seguir los pasos de Cristo y amar a nuestros hermanos, no es fácil pero es posible, que construir un mundo donde reine la justicia, la paz y el amor tiene sus dificultades, pero siguiendo los pasos del Redentor lo podemos lograr.

El noviciado me lleva cada día a amar más este proyecto y por eso quiero gritar al mundo que Quiero ser redentorista.

 

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