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Desarrollando el deseo de seguir al Redentor a través de la apropiación de convicciones intelectuales que posibiliten el diálogo de la comunidad con el mundo.

Lugar: Filosofado Gaspar Stanggassinger, San Luis Potosí, SLP.  

MIGRANTES.

 

En la formación redentorista siempre se insiste en lo comunitario como ámbito esencial en el ser-quehacer de la Congregación. Todo el que desea seguir al Redentor, al estilo de San Alfonso, tiene que construirse en la alegría de compartir la vida apostólica con el otro.

Esto no es sencillo. Sin embargo, el proceso de acompañamiento, a la par de la evangelización inculturada y la vida espiritual, está en perspectiva de hacernos crecer en este aspecto. Poco a poco, cada uno adquiere las herramientas necesarias para alcanzar la madurez que precisamente se expresa en el encuentro con los demás.

En los últimos años hemos tenido la posibilidad de acompañar, como experiencia pastoral, a los migrantes centroamericanos. Muy cerca de nuestra comunidad formativa de Guadalajara ellos hacen un descanso en su larga travesía. Ahí, en las vías del tren les hemos salido al encuentro. O mejor dicho, nos salimos mutuamente al encuentro.

Como sucede, o debería suceder, en el ejercicio de relación con el otro en la comunidad formativa, hemos quitado todo prejuicio, nos hemos puesto a la escucha, hemos comprendido su historia, y su narrativa nos ha señalado cómo tendríamos que caminar junto a él. Sin duda, este ejercicio, que ha pretendido ser serio, aunque limitado por obvias razones, nos devuelve a la comunidad con una actitud de apertura, donde se da paso a la inclusión, llevándonos a comprender la totalidad del otro.

La integración de la actitud de estar con los migrantes y con la comunidad formativa, no solo es ahora un esfuerzo de coherencia, sino la configuración de la manera de ser y estar en el mundo, que acoge una de las perspectivas de pensamiento importantes: la pluralidad.

Y..., ¡YA MERO SON TRES AÑOS!...

 

Luis Enrique Ramírez Gutiérrez
Postulante 2º año.

El comienzo…

Aún recuerdo cuando ingresé a la formación redentorista. Antes de hacerlo yo laboraba como sacristán en la iglesia de santa Anita en Irapuato, con los padres Redentoristas, estaba por concluir mis estudios de bachillerato, tenía 18 años. Ya tenía la inquietud desde hace tiempo, sólo que se fue potenciando más y más hasta que decidí aspirar y dar una respuesta de manera concreta. Después de platicarlo con el promotor vocacional, con mi familia y con uno de los sacerdotes redentoristas en Irapuato, comencé mi proceso de discernimiento, primeramente, en una pascua de Discernimiento que se llevó a cabo fueras de la ciudad de Celaya (Amexhe) en la semana santa del año 2012 (abril), donde conocí a muchos chavos y chavas de distintos lugares del país, además de que conocí a algunos jóvenes que también optaban por el seminario.

De ahí nos pasamos hasta el mes de julio, día 8 hasta el 15, en el preseminario Redentorista, en la ciudad de San Luis Potosí, S.L.P. Una semana estupenda, donde vivimos la experiencia de la estructura de seminario (una pequeña “probadita”, decíamos) llevada a cabo por los promotores, formadores y algunos seminaristas, ahí ya conocí a mis compañeros que, juntos, formaríamos el nuevo curso propedéutico del siguiente ciclo escolar, además de que me motivó dar un paso para cambiar y vivir más de cerca algunos rasgos de mi persona desde la corporalidad, la religiosidad, la comunidad, etc. Finalizando el preseminario nos dan una carta dirigida a nuestros papás donde viene si hemos sido aceptados o no, además de lo que se necesita para el nuevo curso en caso afirmativo. Yo, ¡sí he sido aceptado, bienvenido al curso propedéutico! Empecé a empacar mi ropa y cosas según la lista de lo que se pedía en la carta, empecé a disfrutar las últimas semanas con mi familia y amigos, aunque en parte estaba emocionado, en parte estaba triste porque me dolía dejarles, pero siempre con la confianza de que Dios se hará cargo de ellos.

Primera etapa: prope…

En fin. Por fin, el día 12 de agosto del año 2012, a las 5:50 pm, arribo a, que por un año, la que sería mi casa, el propedéutico, en la ciudad de San Luis Potosí, S.L.P. Saludo a mis nuevos compañeros, que en total somos cinco, y mi formador, el p. Joaquín Frausto, cssr. Rápidamente nos dimos cuenta de las cualidades de cada uno de los que integramos la nueva comunidad, de las diferencias, de las semejanzas, etc., que fueron enriqueciendo y potenciando en la medida de lo posible a todos y cada uno, además de tener un mayor acercamiento a la vivencia redentorista en el ámbito comunitario en nuestra etapa y en convivencia con la etapa del seminario menor, aunque, con el correr del tiempo y la estancia, se fue reduciendo el número de integrantes hasta solamente quedar dos; desde lo académico, las clases permitieron una apertura e introducción a lo que sería la siguiente etapa: filosofía, proporcionando herramientas que faciliten y potencien la capacidad intelectual y de pensamiento útiles para lo que seguía; en cuanto a lo pastoral, sólo en un semestre vivimos la experiencia en una comunidad de Mexquitic de Carmona, Suspiro Picacho (“Mundo Pokemón”) acompañando a un grupo juvenil del cuál saldría un jovencito aspirante al seminario menor hasta el siguiente año; en lo que va de la espiritualidad, vivimos un acercamiento a la vida y obra de algunos santos y beatos redentoristas, organizando momentos de oración de manera creativa y profunda que siempre se orientaba a un fin tan único como la misma oración lo tiene: hablar con Dios, vivir la experiencia de estar a solas y en comunión con lo trascendental, que tanta falta hacía (y hace, me atrevo a decirlo) en cada uno de nosotros.

Siguiente: filosofía…

Así, comenzamos cinco, terminamos dos. Siguiente experiencia: filosofía, o postulantado. Antes de ingresar, presenté un examen de admisión en el Instituto de Formación Filosófica Intercongregacional de México (I.F.F.I.M.), en Tlaquepaque, Jal., en el cual realizaría mis próximos estudios filosóficos durante año y medio. Logré pasarlo y desde el día seis de agosto del año 2013 me integré a mi nueva comunidad de postulantado en la ciudad de Guadalajara, Jal. De mi curso, sólo dos. Del curso inmediato superior (los que ya iban en segundo año de filosofía) también dos. Cuatro en total, nuestro formador, el p. Aarón Moreno, cssr, recién venido de Brasil, pues acababa de estudiar misionología. A pesar de que la filosofía es muy densa, me ha llevado a crear conciencia crítica ante la realidad y ante la circunstancia personal en casi todos los ámbitos, además que me permite estructurar y condicionar mi pensamiento en cuanto análisis y crítica. En lo pastoral, he participado en el voluntariado del C.R.I.T. Occidente en conjunto con otro compañero, acompañando y conviviendo con familias y niños que tienen discapacidad neuromusculoesquelética y van a sus terapias y tratamientos. La comunidad ha tenido sus altibajos, como todo, pero que me llevan a un enriquecimiento y a una apertura de convivencia y aceptación de los demás, ya que, el primer semestre comenzamos cuatro, y en el segundo, dos nuevos se integran al curso de segundo año, así que somos seis. Lo espiritual ha sido meramente reforzado ahora con métodos propios de oración personal y que han favorecido mejor mi comunicación con Dios, aunque las preocupaciones por tareas y trabajos difícilmente me dejaban concentrar, pero destaco que la oración con la gente (laudes, hora santa) ha permitido un mayor acercamiento a nuestra feligresía y conocer más de fondo la situación (en sentido de religiosidad) de nuestra realidad en donde vivimos. Así, viviendo durante un año, primer año de filosofía…

El segundo año…

Comenzamos el seis de agosto del 2014. Seguimos siendo dos. Ya no está el p. Aarón con nosotros, pues le tocó ser formador del curso propedéutico. Ahora nuestro formador será el p. Guadalupe Nazarín, cssr. Sin embargo, sólo lo sería por lo que queda del mes de agosto, pues estará al frente de los prenovicios a partir del primero de septiembre hasta diciembre. Mientras, nos acompañaría el p. Roberto Morales, cssr. La dinámica de este tercer semestre sería de “autoformación”, es decir, nosotros mismos nos formaríamos sin hacer necesaria la presencia de un formador. Destaco que la formación de la provincia ha optado por no mandar a más jóvenes a estudiar la filosofía una vez terminado el propedéutico a Guadalajara, por lo que sólo los dos que quedamos cerraríamos el ciclo ahí, la última generación estudiando en tierras tapatías. Así, los que ya estaban por estudiar el primer año de filosofía (que eran dos) se “integran” y repiten el curso propedéutico. Sin embargo, nos llega una noticia ya finalizando este semestre, dados algunos cambios en el gobierno provincial y en cuanto a la formación: ya no continuaremos el siguiente semestre estudiando en el I.F.F.I.M., ahora estamos destinados a San Luis Potosí. Por lo que, una vez concluidos los estudios del tercer semestre, vacacionamos y cambiamos de residencia.

Y, ahora en San Luis Potosí, ¡regreso a casa!…

El P. Aarón de nuevo será nuestro formador. Ya no somos dos, somos más, somos seis, aunque se irían dos después, quedando cuatro. Cuatro jóvenes se integran a nuestro curso, ellos estaban en el propedéutico y ahora somos postulantes. Convivimos en conjunto las etapas del seminario menor, propedéutico y postulantado. La dinámica formativa se torna diferente y, por ende, interesante y emocionante, ¿por qué? Porque ahora toca trabajar (“curas obreros”), así es, trabajamos por las mañanas y por las tardes estudiamos. En lo que a mí toca, yo trabajo en un colegio de monjas (las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada) apoyando en clases de Educación en la Fe, Artísticas, Música y Coro, además de realizar otras actividades según disposición y necesidad en el colegio; por las tardes, hago deporte para cuidar mi salud corporal y estudio según días de la semana: lunes y martes, clase de música; miércoles, clases en la Universidad del Centro de México (U.C.E.M.) llevando la materia de Filosofía Contemporánea, única necesaria para seguir en la próxima etapa; jueves y viernes clases de inglés impartidas por un hermano redentorista. La vida comunitaria ha sido estupenda y fantástica, pues somos conscientes de nuestras diferencias y nos complementamos para la realización de las actividades diarias, así como compartir, vivir y enriquecer la vivencia personal. La pastoral se torna interesante porque consiste en conocer nuestra realidad en el santuario del Perpetuo Socorro (templo anexo al seminario abierto a la feligresía) con la finalidad de conocer e implementar estrategias misioneras en nuestros alrededores, así como seguir en la finalidad de “anunciar la buena nueva a los más abandonados”, lo cual me deja con un buen ejercicio de análisis y acercamiento sin indiferencia de dicha realidad. La espiritualidad va madurando porque sé que estoy en una etapa de profundización y en camino a otra etapa más fuerte que exige de mí una fuerza espiritual para conocer más el carisma de mi congregación en comunión con el Redentor, es un ir siempre hacia lo que Dios quiere de y para mí y por eso es que tengo que tener en cuenta los signos de los cuáles se vale Dios para indicarme el camino que he de seguir, así ahora…

Epílogo:

¿Qué tengo por decir ahora? Primeramente, doy gracias a Dios por el don de la vida, porque me permite abrir los ojos a un día nuevo, en el que puedo impulsar mis cualidades, mejorar mis defectos, pensar en grande y hacer mis sueños realidad, madurar en los frutos de Dios y no en los propios, seguir en constante discernimiento, en la búsqueda de la voluntad de Dios, lo que Él quiere de mi. Estos ya casi tres años de formación han sido, a la vez rápidos, a la vez lentos, rápidos porque qué más quisiera que aquellos grandes y maravillosos momentos vividos se disfrutaran tanto que no se acabaran o que se volvieran a repetir para volverlos a vivir más intensamente, y lentos porque falta mucho aún por llegar a la meta que me he propuesto con la gracia y el favor de Dios, en cuanto a lo que si de verdad es lo que Él quiere de mí. Vislumbrar este panorama implica verme ahora como un joven que tiene historia, que tiene pasado, que recuerda sus raíces y principios y que con ello se siente más impulsado todavía a llenarse de experiencias para aprender y crecer, para madurar y reforzar sus ser en totalidad, para cerrar ciclos, para proponerse metas y aspiraciones y concluir las que están en proceso o a punto de culminar, a cambiar y optimizar actitudes, y más que nada, para ser feliz, amar lo que hago y ser lo que de verdad soy, siendo original y auténtico misionero Redentorista. Comparo a Enrique sacristán de santa Anita con Enrique postulante y son bastantes cosas las que han pasado, que han cambiado, que se han transformado, pero siempre encaminadas a un mismo fin, a una misma motivación, que  es eso que no ha cambiado: seguir a Cristo, hacer su voluntad, “dejarlo todo para ganarlo todo”.

¿Y tú? ¿Te atreves a seguir a Cristo? ¿Quieres darlo todo para ganarlo todo?

¡Ánimo, joven! Vale la pena gritarle al mundo ¡SOY REDENTORISTA!

 

SIGNIFICADOS.

 

Una mañana, rumbo a la universidad, viajaba en el autobús, quedaban pocos lugares vacíos, todos iban sentados; afuera, el cielo amenazaba con llover, me dirigí a un lugar y tomé asiento, estaba entre la contemplación del alba, cuando una mujer alumbró mis ojos con el reflejo solar de su espejo; mi atención la tenía ella, mientras se pintaba con gran astucia; el camión no dejaba de pasar por baches, frenar repentinamente, los pasajeros subían y bajaban, la dinámica era inestable, poco favorable para que esa dama se ejercitara en el arte de arreglarse; pasaron escasos ocho minutos cuando el bello rostro estaba listo, por fin había terminado, cada color, línea y proporción del maquillaje estaba en su lugar, radiaba armonía, todo mientras el movimiento caótico del camión no cesaba. La impresión ante esto fue de total admiración ¿cómo alguien ante tal perturbación podría acertar en cada intento? la técnica atrapó mi imaginación, confieso que tenía miedo de que se picara el ojo en algún momento, su preparación me hacía sentir seguridad y valentía.

El viaje en tren es frecuentado por muchas personas de diferentes edades, intereses, profesiones, etc. denota pluralidad en masa, se presenta poco diálogo, nadie se conoce a menos que vallas acompañado, los cuerpos rozan, otros se empujan, lo que es imprescindible es el contacto visual. La mirada es el contacto más profundo e intenso que se experimenta en ese pequeño espacio denominado vagón, van desde una ojeada, vistazo, atisbo, contemplación, repaso, examen o un simple miramiento. Las personas cabecean, miran su reloj, se muestran impacientes en su generalidad, poco interés se muestran por el otro. Siempre se encuentra algo radical y así fue, un crepúsculo matutino… Un niño se baja del tren, su madre empujaba su silla de ruedas, regocijante, emblemático manifestaba el gozo pleno, saludaba a todos, miraba a todos con amor, levantaba su brazo, quizás no esperaba ninguna respuesta, lo hacía con gratuidad, su amor era altruista, sin ninguna restricción se daba todo a todos. Miré de reojo a los pasajeros que estaban cerca en esa ocasión, todos indiferentes, entre el desconcierto y poco entusiasmo no percibía alguna provocación en sus semblantes. Regrese a ver al pequeño, continuaba con su expresión fervorosa, no lo perdí de vista, esperé el contacto visual, levanté mi mano, le abrí mi corazón con una sonrisa y, en aquél momento las puertas se cerraron, el tren avanzó, mis ojos se humedecieron.

Cerca del Instituto de filosofía (IF) hay un kínder, antes de las nueve am, los pequeños de la mano se dirigen a su impredecible clase, tantas caritas felices, despistadas, auténticas, inocentes son las que dan vida al Camino Real de Colima; en su mayoría los infantes van peinados, bañados y su ropa limpia, contra esto se presentan los que llevan su mano, llámese familiar, amigo o conocido, no lo se, por lo regular son todo lo contrario a la emotividad infantil, denotan tedio, preocupación, poco interés y su vestir es desalineado. Cuando tengo la oportunidad de visualizar aquella niñez, se llena mi corazón de alegría, levanta mi espíritu y reactiva mis energías para comenzar los estudios filosóficos correspondientes del día. El encuentro es perseverancia en el aprovechamiento y disponibilidad para recibir nuevos conocimientos.

PASTEL DE CHOCOLATE.

 

Nada mejor que el pastel de chocolate para festejar un cumpleaños. El chocolate significa disfrute y alegría. Alegría, porque con el cumpleaños se adquiere mayor realidad y, disfrute, porque precisamente lo mejor de la vida se da cuando ésta se experimenta conscientemente. El chocolate es lujo, porque es dulce exquisito que ordinariamente no se tiene y, con ello hemos querido manifestar, que la vida celebrada ha sido precisamente un regalo extraordinario para todos.
 
Cuando el cumpleañero pide un deseo, apaga las velas, corta el pastel y lo comparte, con cada trozo va un poco de la esperanza de alcanzar nuestros sueños. Comerlo significa aceptarlos. Y quién no, tratándose de servir cada vez mejor a los pobres. 
 
Felicidades amigo.
 
como tú, Padre Roberto, gritaremos al mundo: ¡Soy Redentorista!
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